Desperté y de pronto vi la aurora
que asomaba de nuevo a mi ventana
y de luces, de aromas y colores
mi cuarto se impregnaba.
El trinar de jilgueros y calandrias
y el perfume del jazmin a mi llegaban
y el milagro de nacer del nuevo día
de alegría indefinida me llenaba.
Opulento el corazón de gozo nuevo,
revestida mi ansiedad de alegre calma,
yo me digo cada vez que nace el día
y me envuelve en su perfume la flor gualda,
levantando los brazos hacia el cielo:
¡DIOS ME AMA!
Autor: JULIO CESAR ALVARADO

